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Apodado
"El Divino Manco", fue crack en el tiempo en el que el firmamento
celeste los regalaba. Astro de primerísima magnitud, con brillo
que iluminaba las canchas del mundo cualesquiera fueran las sombras
rivales que debería atravesar. Era manco de su mano derecha,
pues la perdió en un accidente laboral. Su muñón
era un arma temida por su contrarios, pues lo utilizaba que utilizaba
en los saltos y choques dentro del área. Se reía de la
misiones imposibles. Salía a cumplir la suya con la fuerza de
los que pueden y la confianza de los que saben. Vivísimo entre
los vivos: hábil definidor en las apuradas con un temple contagioso
y un empuje incontenible en el área rival. Héctor Castro
pasó a la historia del mundial de 1930, como el elegido por el
destino para marcar el primero y el último de los goles uruguayos.
Además conquistó el primer gol en el Estadio Centenario.
Contra Perú el día del debut, anotó el único
tanto con el cual se impuso 1 a 0 que fue además el primer gol
convertido en el Estadio Centenario. En la final, cuando Uruguay ganaba
por 3 a 2 y no se descartaba el empate de los argentinos, de cabeza
ante un centro de Dorado y a un minuto de la terminación del
partido, conquistó el cuarto y definitivo gol que liquidó
la esperanza de los argentinos. Campeón Uruguayo con Nacional
en los años 1924, 1933 y 1934. Campeón Sudamericano en
1924(Montevideo) y 1935 en Santa Beatriz (Perú). Campeón
Olímpico en 1924 (Colombes) y 1928 (Ámsterdam) y Campeón
Mundial en 1930 (Montevideo).
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